Poder y metodología en tiempos de pandemia

I. Situación: dela complejidad.

Un virus que se expande, miles de muertes sobrevenidas., saturación de los sistemas sanitarios, desigualdades que se manifiestan, confinamiento, distanciamientos social, economías paralizadas, control de la epidemia, control de las personas, disciplina, sanciones...

No es sólo una elección entre salud o economía, o entre libertad y control, o entre solidaridad y disciplina. Es una mezcla de todo lo anterior y de muchos factores más (medio ambiente, modelo económico, igualdad social, cultura...) que atraviesan de plano la situación en la que nos hayamos. Son factores que se interconectan interseccionalmente de manera que, pulsando uno sólo de ellos, se afectan los demás. Al mismo tiempo, la manera de pulsarlos no es absoluta, sino que permite modulaciones que dan lugar a decenas o centenares de combinaciones dfierentes, produciendo cada una de ellas un escenario singular y diferenciado en sus propios parámetros: muertes, grados de confinamiento, pérdida de empleos, producción económica, inyección de fondos...

El escenario de partida es de tal complejidad que, si intentamos proyectar un análisis mental del mismo, nos producirá dos efectos. Por un lado, un gigantesco vértigo, similar a cuando uno se sitúa en todo el entramado cósmico de galaxias, estrellas y planetas, llegando a ser consciente de su propia insignificancia. Del otro lado, una mezcla de enfado y sensación de ridículo al leer y escuchar valoraciones, sentencias, análisis o debates, en medios y en redes, que pretenden sintetizar la cuestión en posturas/conflictos simples, limitados, insuficientes, distorsionados o directamente estúpidos.

II. Ordenación: de los objetivos.

¿Cómo atacar, entonces, la situación? ¿Cómo empezar a deshacer una madeja con cientos de hilos? ¿De qué cabos tirar y hasta qué punto?

Ante todo, conviene tener en cuenta cuáles, de entre todos los elementos en juego, van a ser los prioritarios a la hora de actuar, de manera que reciban una especial salvaguarda. Obviamente, esta elección está atravesada por la subjetividad inherente a cada persona. Es decir, no valorará de la misma manera los bienes, derechos y libertades en juego Felipe González que una enfermera del hospital improvisado de IFEMA o que un pastor de una aldea soriana. Aún así, y como requisito para que este texto tenga un cierto sentido, tomaremos como referencia un comjuto de valores, dentro de un patrón definido de justicia, que se suponen compartidos por un grupo relativamente amplio de población. Este conjunto determinaría, por ejemplo, que salvar el mayor número posible de vidas se situaría como uno de los objetivos principales -si no el principal-.